Hoy vi tu fotografía, la tomé con mis manos y la estreché en mi pecho
como si realmente se tratara de ti, quise sentir tu piel al rozar la
ilusión de tu rostro que vive en este papel, pero fue en vano.
Cerré
mis ojos, procuré concentrarme en tu sonrisa que aún se dibujaba a
través de mis párpados y sólo entonces fui capaz de revivír tu aroma en
mi nariz.
Regresaste a mí por algo más que un instante,
regresaste hecho esencia y hecho aire para llenarme el pecho de
emoción y ansiedad, regresaste para turbar mis cabellos y desordenarme
las pecas que siempre vibran al saber de ti.
Te respiré profundo y lentamente, no quería detenerme.
Te juro que de no ser por mis pulmones mortales no te habría dejado escapar en ese suspiro.
Suspiro
que no por nacer ajeno a mi voluntad deja de torturarme con tu
recuerdo que baila en mi piel, erizada y herida por haberte dejado ir.
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