Fue una mañana calurosa, el sol ardiente quemaba mis hombros y no
pude saber si tu rostro iluminado era gracia del sol o de tu hermosa
sonrisa, esa sonrisa que me hace suspirar por tus besos.
Esa
mañana la brisa era fresca pero intensa y jugaba a robarse tu aroma, a
regalármelo de vez en vez para despertar mis sentidos y enredarse en
mi cabello. Luego vinieron las hojas secas que deshice entre mis manos y
de esfumaron entre crujidos para el deleite de nuestros oídos.
Tus
ojos se cerraban poco a poco y mi piel se hacía más sensible a tu
contacto, me erizaba cada vez que tenia tus manos en mi espalda,
acariciándome con tanta suavidad, con tanta picardía en tus dedo, provocando delirios en mi mente, provocando mis labios para beberte una
vez más.
Ahora que recuerdo aquella mañana me doy cuenta que no
logro ahogar este deseo de tenerte cerca y sentir tu piel rozándome,
este deseo que arde en mi interior y se apodera de mí cada vez que
percibo tu aroma.
Necesito recorrer tus pensamientos para quedarme
en ellos y por un instante ser dueña de tus sueños, quizás logre
distraerte con un beso para clavar mis versos en tu piel y con el sabor
de las palabras que me inspiras grabarme en tus labios para que mañana
me extrañes más que ayer.
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