miércoles, 21 de marzo de 2012

Epifanía Huracanada

Desperté inquieta, intranquila, con purpúreas sensaciones  agitadas en mi pecho, con las manos cargadas de un deseo insatisfecho por forjar en acero y en papel los suspiros que hallé ocultos al beber de tu ser.

Desperté con la mirada nublada bajo tu pecho,  como si hubiese usado tu espalda de escudo, tu torso como cálido refugio.

Desperté con claras intensiones de robarte un beso en la barbilla y derretir tu forma de versar, tu forma de sentir y mi forma de querer.

Desperté con el cabello huracanado, encaracolao'  y mis labios color rojo profanado.

Encontré mis notas revueltas en el suelo, contando historias de haber sido despojadas del escritorio, arrojadas en algún punto de la noche cuando la cama no fue suficiente para contener nuestro amor flotante, nuestro derroche constante.

Desperté con el sabor de tu sudor en mis labios, como si hubiese besado desenfrenadamente tu cuerpo fundido en pasión.

Desperté con mi cuello maltrecho, como si hubiésemos abusado de él dando rienda suelta a una alocada faena nocturna, tenía los pies entumecidos, doloridos, como si hubiesen sido soporte de nuestros ritmos sincopados y acalorados.

Desperté con la marca de tus manos en mis muñecas, con las piernas enrojecidas, como si hubiesen sido victimizadas por tus caricias, por tus mordidas desgarradoras y excitantes.

Desperté sonrojando tu compañía nocturna, saboreando los instantes que compartimos piel a piel y tuve sed al percibir nuestro aroma en mi almohada, ese que queda tras un agitado enfrentamiento de lenguas, batallado sobre  la arena de tu cuerpo.

Epifanía huracanada, anoche yo te amé y caminé, caminé descalza sobre tu pecho en un nuevo intento de dejar huellas en tu corazón.

Te amé desnuda y libre sobre las curvas peligrosas de tu cuerpo,
te amé y te amé desbordada y con fuerza como agua de cascada,
te amé inmensa y salada como el mar,
te amé y te amé con furia huracanada en cada beso,
te amé ardiente y pasional magma,
te amé y te amé con la lumbre del alma encendiendo tus ojos,

te amé a la orilla de tu canto, en tus brazos fuertes, allí donde yo renazco.




Versión Declamada



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