De eso se trata esta historia, de amarte con fuerza y ternura, se trata de entregarme al éxtasis de dormir cada noche escuchando tu respiración, de este sentimiento se alimenta mi sonrisa, despiertas emociones que viajan de dando brincos por mi cuerpo, resumen mis impulsos en un sólo pensamiento,
• En el afán de correr tras sus besos tropecé con la sensatez. • Mujer de plata, hice de tus labios cereza mi lugar secreto, mi confesionario, hice de tu desnudez de luna mi lugar de ensueño y mi santuario. • Yo no sé qué es lo que tiene tu aroma que cada mañana me enamora. • Escucha el sonido de mi cascabel repicando en tu ventana. • Su lengua resbaló en mi piel como las gotas de lluvia en la ventana, desatando una tormenta de tentación manifiesta en mi vientre agitado. • Salpícame algunos besos de fresa, decórame con un glaseado de caricias y aplícame sonrisas al gusto, verás que sé mejor aún. • No conozco nada más terco, consentido y caprichoso que mi corazón. • Qué saben tus manos de mi que se apoderan sin esfuerzo de todo lo que soy. • Movimientos seductores que excitan a mi inspiración. • No es sólo cuando me endulzas el oído, también cuando logras endulzar todos mis sentidos, me haces tuya, arequiposamente tuya. • Admiro tu habilidad para quitarme el aliento y luego entregármelo en un beso. • Toma mi mano y vamos a tropezar con nuestros miedos, si caes te levantaré con un beso, si caigo me levantarás con un verso. • Soy el viento que silbando entra por tu ventana, soy el humo ondeante que queda tras apagar las velas, soy cada detalle que no reparas. • Me duelen los hombros, ha de ser por cargar tanto tiempo estos deseos de besarte. • No sabes cuántas conversaciones sostienen mis ojos y tus labios. • Una tarde en tu cuello, dos noches en tu pecho, tres horas en tus labios, cuatro minutos sin besarnos y unos cuantos segundos para decir que te amo. • La luna serena, tu cabello ondeante y yo allí estupefacto por la mujer que decidió amarme. • Levántante mujer que ha llegado la hora de florecer. • Le hago nudos a mis sueños para que no se me escapen con el viento. • Ay amor, sabes que mis versos te pertenecen de mayúscula a punto final. • Si algún día te pierdo, ruego a Dios que sea en mi cuerpo, una y otra vez. • Desnudar tus letras sin leerte es la forma que hoy encuentro de quererte. • Aún conservo los trocitos de cielo que me entregabas en cada uno de nuestros besos. • Escribo notas de deseos inconclusos, versos de tiempos confusos, así mantengo vivos mis sueños ilusos. • Del sur a tus ojos, del norte a mis versos, distancias recorridas no en pasos, en besos. • Desafiando la impaciencia de atraparte con mis piernas mientras el tiempo pasa y yo sigo aquí despierta. • Que me tenga cuidado el amor que le puedo versar mi pasión. • Se quiebra mi inspiración con tu llanto como se quiebran las hojas secas bajo una pisada. • El remordimiento lo arrastras en los zapatos por eso déjalos fuera cuando vengas a visitarme. • No tengo tiempo, tampoco prisa, no soy escritora, mucho menos artista pero sí conozco la verdadera dicha cuando soy la causa de tu sonrisa. • De todas mis versiones tu despiertas a la inescrupulosa poetiza apasionada. • Y si me pierdo en tu mirada no te atrevas a buscarme, habré encontrado mi paz.
Cierra los ojos, ven y cántame suavecito, acércate más, quiero escucharte con mis labios.
Tarde o temprano descubriré las consecuencias de dejar la voluntad en la casa antes de salir.
Cargando en el mundo sobre mis hombros, disculpen si los calambres causaron terremotos.
Así como cuando te despiertas con un corazón roto y una desilusión hecha realidad.
Derrúmbame, levántame, siénteme y regrésame al lugar del que provengo.
Extrañando la luz que marcaron tus pasos en mi camino.
Pórtate mal conmigo y por mi.
Quiero devorar el mundo y devorarte a ti.
Que placer me daría dejarnos bañar las preocupaciones al ritmo indeciso de la lluvia.
Victimiza mis muñecas con tus manos.
Yo sé que existen tantas casualidades como idiotas para creerlas.
Si hay algo que realmente disfruto es a tí endulzándome el oído, acaramelando mi vista y deleitando a mi imaginación.
Puedo ver la ilusión en sus ojos, incluso cuando trae puesta la venda.
Yo sé que te gusta cuando interrumpo tu sueño.
Arranca de mi pecho tus verdades, sacude tus razones con mis manos y elige arriesgarte en la caída de mi espalda.
Bébeme despacio, no quiero que me derrames.
Roba mi aliento una vez más, toma de mí todo el aire que puedas necesitar, aférrate a mi cintura y déjate caer en medio de esta historia que escribimos al ritmo de nuestras manos seduciendo al blanco, tímido e ingenuo papel.
Este va para tus ojos dorados que conmueven cada centímetro de mis versos, para cada sonrisa que he logrado despertar en tus labios.
Que tus labios presten atención para que recuerden los versos que deslizo en ellos.
Tu corazón no olvida cómo seguir al mío, ¡late al ritmo de la noche!
No sabía que podías hacer sonreír mis noches.
Es una mañana fría, es una mañana húmeda pero el sol se asoma coqueto entre las nubes, es un día de esos que te dije, ¡es un día gris con sol!
Percibo en la hierba una esencia nocturna, me impregna del rocío que te descubrió una mañana descifrando lo cálido de mis manos congeladas.
Muere la tarde al filo de la montaña, te escondes de mi mirada que va de prisa con el viento, huyes de mis palabras que no morirán por tu ausencia.
Se posó sobre mis labios con su fé, resbaló hasta mi cintura sin control, se aferró a mis caderas con pasión hoy enreda mi cabello con amor.
Se queman entre azules, morados, rojos y siluetas oscuras casi indescifrables que arrancan sin piedad cada trozo de mí.
Soy amante apasionada de los abrazos interminables.
Hoy me resulta difícil empuñar la pluma para dibujar mis verdades en papel, para aceptar las sombras que manchan mi piel.
Bebe de mis versos que brotan con pasión.
Aún si te lo contara no podrás saber el reposo y la calma que encuentro al calor de tus labios.
Sopla una vez más, harás volar mis ilusiones y si tengo suerte aterrizarán en el papel.
Amor mío, Se hace tarde y no te he visto, ¿Acaso estás buscando una flor para mí? Amor mío, ¿Por qué esta noche no escucho piedritas en mi ventana?
Amor mío, ¿Qué recuerdas de mí? ¿Recuerdas mis piernas cuando siento frío? ¿Y nuestro beso? ¿Recuerdas los lunares que besaba en la extensión de tu piel? Eran puntos detonantes, estallabas de placer.
Amor mío, No olvido el color de tus ojos porque el sol me lo recuerda sin falta cada tarde. Recuerdo tus mejillas sonrojadas porque en ellas nace la luz de mis sonrisas. Recuerdo la alegría de mis rizos por rozarse con tu piel.
Ay, si supieras amor mío que tengo debilidad por ti, por la forma en que me besas cuando sonrío.
Amor mío, Aún no llegas, siento frío y empieza a erizarse mi libertad. Nace en mi rostro un llanto mudo que humedece gota a gota mis aviones de papel, Y no quiero abrazar otra noche la angustia de no verte, la incertidumbre de no tenerte.
Amor mío, quiero saber ¿A qué huelen mis mejillas? ¿A qué huele mi cuello tras tus besos? ¿A qué huele mi cabello entre tus manos? ¿Qué recuerdas de mi?
Yo recuerdo nuestro amor de pupilas dilatadas invadidas de deseo. No olvido nuestro amor de calambres en mis pantorrillas, de tu piel bañada en sudor. Amor de manos en el techo, de piernas cruzadas alrededor de tu cuello.
Amor mío, ven pronto y Bésame, bésame, bésame despacito la punta de la nariz. Bésame, bésame, bésame lentamente hasta descifrar a qué saben mis hombros al despertar.
Ay amor mío, si tan sólo regresaras para descifrar el misterio de mi cuerpo sabrías que tengo lunares suspensivos en mis pechos y en mis piernas esperando continúes nuestra historia, esperando ser tu luz y tu condena.
La luz atravesaba cada espacio entre los hilos, cada tramo de un tejido
de grises y negros que cubría delicadamente sus cuerpos.
La luz iluminaba sus rostros con un tono no muy brillante, era más bien
romántico y acogedor.
A ella la vi abrazada a su torso, recibida por su pecho, consentida por
sus manos y bañada por sus besos.
La vi conciliando el sueño y perdiéndose por algo más que un instante
entre sus brazos fundidos alrededor de su cuerpo, tratando de descubrirla con
timidez al compás de las hojas que caían en su verde salón.
La vi descansando, suspirando, mirándolo y robándose el aliento de vida
que dejaba salir en cada respiración.
A él, lo vi un instante cargado de dicha y emoción, proyectaba una
sonrisa capaz de mover mi mundo, logró transformarlo en un segundo.
Estoy segura que cuando crucé su mirada, cuando capturé de vista esa
sonrisa, estoy segura que ni por un instante me perteneció.
Más esto no es motivo de tristeza, fue más bien un honor el entender la
dicha de su afortunada acompañante.
Logré comprender cómo era que con su sola presencia él deshacía la
mezcla de su esencia.
En su vida, él es el prisma que la refracta, la refleja y sobre todo la
descompone en los colores del arcoiris, siete colores que adornaron
el horizonte con los tonos de su corazón.
Sus manos sabían dibujar su silueta en la seductora oscuridad, movimientos suaves y agresivos la incitaban a continuar descubriéndolo en su desnudez.
Allí estaban, solamente cobijados por besos frágiles, vulnerables y consumidos por el peso del deseo y el fuego del silencio que en ese instante se apoderó de la habitación.
Sin querer admitirlo ella ya no podía dar marcha atrás, esa noche de enero su amor quedó marcado por las lágrimas derramadas al son de la música que los unió.
Tomaron prestados los versos más dulces y en una mirada de esas que dejan la piel erizada, él robó sus suspiros.
Ella estaba tranquila por la paz que emanaba de su presencia, de sus pensamientos, poco a poco la hizo suya con la textura de su voz, con el calor de sus palabras que la abrazaron sin cesar.
"Esa noche mujer de plata, hice de tus labios cereza mi lugar secreto, mi confesionario, hice de tu desnudez de luna mi lugar de ensueño y mi santuario."
Fue una noche como ninguna, fue ella su amante blanca y delicada, fue un instante tan íntimo y sublime como la luz tenue de unas velas.
Entre sombras y piel se distinguía una sonrisa, mas no vale la pena decir a quién pertenecía, sólo diré que en esa habitación más dicha no cabía.
Desperté inquieta, intranquila, con purpúreas sensaciones agitadas
en mi pecho, con las manos cargadas de un deseo insatisfecho por forjar
en acero y en papel los suspiros que hallé ocultos al beber de tu ser.
Desperté con la mirada nublada bajo tu pecho, como si hubiese usado tu espalda de escudo, tu torso como cálido refugio.
Desperté
con claras intensiones de robarte un beso en la barbilla y derretir tu
forma de versar, tu forma de sentir y mi forma de querer.
Desperté con el cabello huracanado, encaracolao' y mis labios color rojo profanado.
Encontré
mis notas revueltas en el suelo, contando historias de haber sido
despojadas del escritorio, arrojadas en algún punto de la noche cuando
la cama no fue suficiente para contener nuestro amor flotante, nuestro
derroche constante.
Desperté con el sabor de tu sudor en mis labios, como si hubiese besado desenfrenadamente tu cuerpo fundido en pasión.
Desperté
con mi cuello maltrecho, como si hubiésemos abusado de él dando rienda
suelta a una alocada faena nocturna, tenía los pies entumecidos,
doloridos, como si hubiesen sido soporte de nuestros ritmos sincopados y
acalorados.
Desperté con la marca de tus manos en mis
muñecas, con las piernas enrojecidas, como si hubiesen sido
victimizadas por tus caricias, por tus mordidas desgarradoras y
excitantes.
Desperté sonrojando tu compañía nocturna,
saboreando los instantes que compartimos piel a piel y tuve sed al
percibir nuestro aroma en mi almohada, ese que queda tras un agitado
enfrentamiento de lenguas, batallado sobre la arena de tu cuerpo.
Epifanía
huracanada, anoche yo te amé y caminé, caminé descalza sobre tu pecho
en un nuevo intento de dejar huellas en tu corazón.
Te amé desnuda y libre sobre las curvas peligrosas de tu cuerpo,
te amé y te amé desbordada y con fuerza como agua de cascada,
te amé inmensa y salada como el mar,
te amé y te amé con furia huracanada en cada beso,
te amé ardiente y pasional magma,
te amé y te amé con la lumbre del alma encendiendo tus ojos,
te amé a la orilla de tu canto, en tus brazos fuertes, allí donde yo renazco.
En una noche de luz ausente me aventuré a poseerte con todos mis sentidos, me aventuré a conocer la extensión de tus caminos.
Adoré tus formas en un lecho de violetas y alelíes, desbordó de tu cuerpo almíbar hecho sudor, y enredado entre besos y texturas desataste el frenesí de poseernos de maneras pasionales y extravagantes, cuello a labios, dientes a piernas, cabello a manos.
Encendiste el fuego que ardía incontenible entre mis piernas y siendo víctima y espectadora de las caricias que proporcionabas a mi piel deleité mis ojos al verte caer preso entre mis pechos, poseído por su sabor extasiado de placer y de furor.