domingo, 1 de abril de 2012

Siete colores del corazón


La luz atravesaba cada espacio entre los hilos, cada tramo de un tejido de grises y negros que cubría delicadamente sus cuerpos.

La luz iluminaba sus rostros con un tono no muy brillante, era más bien romántico y acogedor.

A ella la vi abrazada a su torso, recibida por su pecho, consentida por sus manos y bañada por sus besos.

La vi conciliando el sueño y perdiéndose por algo más que un instante entre sus brazos fundidos alrededor de su cuerpo, tratando de descubrirla con timidez al compás de las hojas que caían en su verde salón.

La vi descansando, suspirando, mirándolo y robándose el aliento de vida que dejaba salir en cada respiración.

A él, lo vi un instante cargado de dicha y emoción, proyectaba una sonrisa capaz de mover mi mundo, logró transformarlo en un segundo.

Estoy segura que cuando crucé su mirada, cuando capturé de vista esa sonrisa, estoy segura que ni por un instante me perteneció.

Más esto no es motivo de tristeza, fue más bien un honor el entender la dicha de su afortunada acompañante.

Logré comprender cómo era que con su sola presencia él deshacía la mezcla de su esencia.

En su vida, él es el prisma que la refracta, la refleja y sobre todo la descompone en los colores del arco iris, siete colores que adornaron el horizonte con los tonos de su corazón.

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