encallado en mis orillas te encontré,
de las olas fuiste ofrenda.
de las olas fuiste ofrenda.
Caminaste con señorío a lo largo de la bahía,
descubriendo con pies desnudos,
el misterio dorado de mi arena.
el misterio dorado de mi arena.
Más allá de mis blancas costas te aventuraste,
y la razón de tu presencia,
bajo la falda de mi montaña ocultaste.
bajo la falda de mi montaña ocultaste.
Elevaste tus inciensos colonizando ya mis
cumbres,
alcanzando con tu aroma,
mis prístinos nevados.
Domador de briosos e incontenibles vientos,
que abandonaste tu cuerpo hacia el vacío.
De toda humanidad despojado caías.
Magma enardecido voló de mis volcanes,
rocas sangrantes y cráteres heridos
siguieron tu descenso, a la mar.
Ojos fijos en el cielo, aferrados a la sombra de mis nubes.
Inmolación divina.
Turbaste mi profundidad sin saber
que allí renacerías.
